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En sus mejores tiempos, "El Tigre", Emilio Azcárraga y Jorge
Lárrea, el padre de Grupo México, fueron parte de Grupo TMM y compartieron las
glorias con su líder José Serrano, era el final de los 60´s y la empresa en
plena bonanza adquiría las navieras La Española y La Gran Colombiana;
parecía imparable, tres décadas después la otrora más importante empresa de
transporte multimodal, naufraga por más que los reportes de la Bolsa Mexicana de
Valore (BMV), le permitan un suspiro de vez en vez.
La realidad es que se trata de una empresa muy apalancada,
con malos resultados financieros y un escaso margen de maniobra para realizar
nuevas inversiones. De contabilizar ingresos consolidados trimestrales por mil
millones de dólares al final de los 80´s , hoy la compañía no alcanza ni los
300mdd, por más que es perseguida por una racha de malas decisiones y por el
hecho de no haber realizado proyectos como la Terminal Especializada
de Contenedores de Tuxpan, donde pese a detentar una concesión privada, desde
hace 10 años, hoy es el día que no pone la primera piedra.
El reciente adiós, más que despido como director general de
Fernando Sánchez Ugarte, quien tras dos años le fue imposible dar resultados
debido a los índices de endeudamiento de la compañía y sin duda, porque el
negocio marítimo nunca fue lo fuerte del fiscalista, puso al descubierto la
debilidad del Grupo, que hoy, por más que las informaciones cabildeadas en
medios digan lo contrario, GTMM se ha convertido en un empresa de embarcaciones
off-shore al servicio de Pemex y de agenciamiento marítimo, principalmente de
cruceros.
La salida de la división TMM Logístics del Grupo TMM, el año
pasado, fue la gota que derramó el vaso, tras la decisión de Ramón Serrano de
llevarse su flota de unos 300 camiones para administrarla por aparte antes de
que el naufragio la alcanzara, de esta forma la llamada compañía de transporte
más importante de México se quedó sin vehículos, sin ferrocarril y sin barcos
de altura.
Desde que llegó Sánchez Ugarte la firma fue orientada hacia
las embarcaciones petroleras, pero los fracasos vinieron en cascada, justamente
con Pemex inició perdiendo licitaciones. Su propuesta TMM New Proyects, fue
desechada por no entregar la documentación solicitada, es decir por errores de
primaria, que se repitieron constantemente hasta que en 2009 su división TMM
Energy, dirigida efímeramente por Franz Gunz, fuera descalificada del concurso
por la segunda Terminal Especializada de Contenedores de Manzanillo.
El plan de Serrano era regresar al negocio portuario con la
segunda TEC de Manzanillo - tras haber vendido en 2005 el 51% de sus puertos a
su socio estadounidense Stevedoring Services Of America (SSA México), que ya
poseía el 49% de las acciones de las terminales de carga y cruceros-, pero no,
los errores ejecutivos lo llevaron nuevamente al fracaso, Serrano perdía una
más.
Antes, a mediados de 2007, una purga de 15 directores de
divisiones dejó sin experiencia al Grupo, que en su oportunidad fue la empresa
que más invertía en capacitación marítima. En noviembre de 2006, con la salida
de Silverio Di Constanzo al frente de la división Marítima, rodó una de las
primeras cabezas tras la salida de Javier Segovia que había manejado la
compañía desde 1996.
Una a una, rodaron cabezas de las principales divisiones
que, aún cuando dieron paso a nuevos perfiles, aún hacia febrero de 2007 no
paraba una reestructura que terminó en una cacería de brujas y de antiguas
lealtades que, desde luego, llevó al declive del perfil corporativo de GTMM.
Por ello hoy, no quedó otro remedio al patrón que ponerse al frente a limpiar
la casa, aunque, dicen los que saben, volvió a tomar una mala decisión al
nombrar como operador real del negocio a Jacinto Marina, el financiero de toda
la vida de la empresa pero que del negocio sabe poco.
El declive de Grupo TMM no es nuevo, inició en el 1999
cuando vendió su naviera de altura, aquella que llegó a ser la principal de
Latinoamérica, TMM Lines, para pagar las deudas de la concesión de su reciente negocio (1995), la Línea del Noreste que operó
durante 10 años (de una concesión 50) a través de Transportación Ferroviaria
Mexicana (TFM), la misma que en 2006 traspasaba al ferrocarril Kansas City
Southern debido a deudas que mantenía con esta misma empresa estadounidense, a
la sazón, su propio socio.
Más allá de su flota en promedio de 40 embarcaciones off-shore
y un nivel de apalancamiento insostenible, GTMM se ha convertido en una empresa
con escasa viabilidad, es por ello que, fiel a su vieja costumbre, aún apuesta
al viejo de negocio del bloqueo de negocios, de ahí que en el puerto de Tuxpan, justamente donde posee
una concesión de 20 años para una terminal privada de carga, tenga expectativa
de iniciar un negocio de largo plazo que le permita reactivar su división de
puertos.
De hecho, el plan de Serrano, era mantener la concesión que
obtuvo en el 2000 sin inversión hasta que la superautopista México-Tuxpan le
permitiera recuperar rápidamente con el flujo de carga un gasto que pensaba
realizar en 2011, pero no contaba con que la SCT realizaría una licitación de una segundo
muelle de contenedores en 2009, un concurso que GTMM no desea pero en donde,
como las anteriores todo indica que la suerte le volverá a ser adversa.
Serrano prometió invertir 320 millones de dólares en su
nueva terminal hace 10 años, ahora sus personeros alegan que la SCT nunca le dio el banderazo
de salida a sus planes, un argumento difícil de comprobar si se toma en cuenta
que el Contrato de Cesión Parcial de Derechos portuarios no penalizó la falta
de cumplimiento a sus compromisos. Sin embargo la percepción pública juega en
contra y no pasará mucho tiempo en que la verdad se imponga ante una empresa
que dejó de ser lo que fue en el sector del transporte en México.
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