El Derby por la dirigencia de la CANACAR no se ha detenido; desde hace meses la competencia avanza a un trote sostenido, con pruebas claras de resistencia, técnica y velocidad entre los contendientes.
Sin embargo, desde aquel septiembre en que se escuchó el sonoro “¡aaaarrrrancan!”, las posiciones en la pista han cambiado de manera sustantiva.
Hoy, a inicios de 2026, cuando la contienda entra en su fase oficial —con papeleos, convocatorias legales y cronómetros ya en marcha— el panorama es claro: el empresario Rómulo Mejía, que había partido como puntero, ha perdido ritmo y se ha ido rezagando, mientras que Augusto Ramos, quien arrancó desde el fondo del lote, ha tomado la delantera con paso firme, colocándose como ese debutante que viene rematando con fuerza y sin mirar atrás.
Cambian las posiciones
Pocos lo anticipaban, pero el trabajo constante de Ramos comienza a rendir frutos.
Su trayectoria de más de 20 años en el autotransporte de carga —varios de ellos como CEO de su empresa y siete más desde la Secretaría General de la propia CANACAR— le ha permitido acumular fondo, temple y oficio.
No se trata de un relámpago circunstancial, sino de un ejemplar que supo dosificar energías y hoy entra a la recta final con aire y respaldo.
Sus giras de trabajo han sido decisivas. Ramos ha pisado las pistas de los grandes corporativos, donde ha obtenido el apoyo de las empresas con las flotas más importantes del país, pero también ha recorrido estados y regiones donde el recibimiento crece jornada tras jornada.
El aplauso no es aislado, porque se traduce en estructura, simpatía y un soporte empresarial cada vez más amplio.
La fluidez verbal del coahuilense, su preparación técnica y su perfil de ejecutivo de alto desempeño lo han colocado al frente, ante ejemplares veteranos que comienzan a mostrar el desgaste propio de muchas temporadas, como es el caso de Ramiro Montemayor, de Transportes Monro, proveniente de una camada que acusa cansancio.
Rómulo resiste el paso
A la distancia, manteniendo el contacto visual, aparece Rómulo Mejía, de Transportes Rodemu. Su trayectoria ha estado marcada por un estilo propio, con una comunicación directa y reuniones que reflejan distintos momentos de convocatoria, pero siempre con la intención de generar diálogo. A lo largo del recorrido, su discurso ha mostrado un ejercicio de autocrítica y franqueza poco comunes, rasgos que le han permitido conectar desde la experiencia.
Mejía ha ganado reconocimiento por alzar la voz con determinación y exigir elecciones limpias frente a la dirigencia encabezada por Miguel Ángel Martínez Millán. Como veterano de cuadra proveniente de Matamoros, Tamaulipas, su presencia aporta memoria, carácter y una perspectiva distinta, aun cuando el ritmo del grupo más joven marque dinámicas diferentes.
Ramiro y su arranque fallido
El rezago de los caballos veteranos se confirma también en la campaña de Ramiro Montemayor, que no termina de arrancar pese al sostén del aparato oficial de CANACAR, que no ha sido suficiente para remontar el ritmo de galope.
Sus intentos por avanzar en la pista se han limitado a reuniones aisladas con dos o tres funcionarios y a una fotografía con el gobernador de Jalisco, encuentros que, según se comenta en el paddock, habrían sido gestionados desde la propia dirigencia de CANACAR, manteniéndolo aún como parte del Comité.
Sus convocatorias, enfocadas principalmente en su alma mater, la CENSECAR (Central de Servicios de Carga de Nuevo Laredo), han tenido escasa respuesta. Esto ha generado desencanto entre transportistas que hoy voltean a ver con mayor interés al debutante que ya emparejó, viene atropellando y amenaza con pasar de largo, al confiado regiomontano.
En entrevistas, Montemayor ha reiterado como principal fortaleza su historia familiar, asegurando provenir de una cuadra que “huele a diésel”. Nada nuevo para el sector y, sobre todo, insuficiente como propuesta para sacar a la central de un pasado que muchos consideran agotado o de plano en el atraso.
Continuidad cuestionada
En los chats del gremio, donde la conversación hierve, el reclamo es claro: transparencia en el manejo de cuotas y el fin de una percepción generalizada de simulación y no pasa nada.
Más allá de la ética corporativa, el eslogan de “continuidad” termina por jugarle en contra. Un dirigente que aspira a liderar una transformación difícilmente puede abanderar un concepto que, por definición, implica seguir siendo parte de un todo que no se separa.
Continuidad es asumir el proyecto actual de la CANACAR, justo cuando el jockey en turno no presume las mejores credenciales.
Dumping en pista
Los más de 10 mil transportistas que han abandonado la cámara por no sentirse representados son una señal inequívoca de que los caballos veteranos se están quedando sin respuestas.
Aunque en el argot de los corrales no se descarta un eventual “dumping” que pudiera inclinar la balanza, por ahora, en el pulso de la carrera es evidente que hay un puntero.
Y como dicta la máxima mexicana del hipódromo: “caballo que alcanza, gana”. Hoy, en este Derby por la CANACAR, el que viene de atrás ya tomó ritmo, mientras que los veteranos, por ahora, quedan fuera de paso.
Por Gabriel Rodríguez / Opinión


