En el fútbol profesional la afiliación no es un simple trámite. Es la llave para competir, y en Veracruz se decidieron tomar atajos que requieren aclaraciones
Veracruz lleva varios años sin fútbol profesional, pero hay clubes que nacen en la cancha. Otros nacen en una notaría: Piratas F.C., al menos por ahora, parece haber nacido en un expediente.
Hay historias que se escriben con goles. Ésta comenzó con documentos.
Mientras Veracruz celebraba el regreso del fútbol profesional, detrás del discurso público empezó a dibujarse una estructura menos simple: empresas distintas, derechos deportivos separados, un estadio público entregado en comodato, una afiliación federativa que no aparece en el mismo lugar que la operación local y un litigio mercantil de alto monto que hoy acompaña al proyecto desde su nacimiento, lo que ha despertado sospechas por parte de las autoridades en cuanto a malos manejos e incluso lavado de dinero.
Todo este expediente contó con la anuencia y ayuda de altos directivos de la Federación Mexicana de Fútbol (Femexfut), como Íñigo Riestra, secretario general de la organización, que ya investiga a profundidad el caso.
Por otra parte, la operación no fue reportada ante las autoridades como el Sistema de Administración Tributaria (SAT), que lleva Antonio Martínez Dagnino, lo que ya levantó sospechas sobre el cumplimiento fiscal de dicha transacción, así como la procedencia de los recursos.
En apariencia, todo estaba resuelto. El estadio tenía administrador. El equipo tenía nombre. La afición tenía ilusión. Pero al seguir la ruta de los documentos comenzó a aparecer una realidad distinta: la empresa que opera el estadio no es la misma que conserva los derechos para competir dentro del fútbol profesional. Ahí empezó el rompecabezas.
I. El estadio
El Estadio Luis "Pirata" Fuente no es cualquier inmueble. Es memoria colectiva, identidad deportiva y patrimonio simbólico de Veracruz. Por eso su remodelación no fue presentada como una simple obra pública, sino como el punto de partida de una nueva etapa para el fútbol veracruzano.
Desde junio de 2024, CF Veracruzano, S.A. de C.V. recibió del Gobierno del Estado el comodato por diez años para administrar y operar el estadio y el Centro de Alto Rendimiento. La empresa quedó así colocada en el centro operativo del nuevo proyecto deportivo.
En términos sencillos: CF Veracruzano tiene el estadio, la sede, la operación local y la administración del proyecto que hoy se presenta como Piratas F.C.
Pero administrar el estadio no equivale necesariamente a tener la afiliación deportiva. Y ahí aparece la segunda pieza.
II. La afiliación
Fuentes con conocimiento directo de la operación corporativa, que solicitaron mantener en reserva su identidad por no estar autorizadas para revelar información interna, señalaron que el proyecto no nació como una afiliación completamente nueva.
La estructura habría partido de una operación más compleja: una sociedad conservaría la afiliación deportiva reconocida por la Federación Mexicana de Fútbol, mientras otra asumiría la operación en Veracruz.
De acuerdo con esa información, Desarrolladora de Fútbol México ALC, S.A. de C.V. conservaría la calidad de titular de la afiliación deportiva, mientras CF Veracruzano, S.A. de C.V. aparecería como sociedad integrada al nuevo esquema operativo.
No es un detalle menor.
En el fútbol profesional, la afiliación no es un simple trámite. Es la llave para competir. Es el documento que permite existir dentro del sistema federado. Es, en muchos sentidos, el corazón jurídico del club.
Por eso la pregunta es inevitable: si una empresa tiene la afiliación y otra tiene el estadio, ¿quién responde realmente por el proyecto?
Por otra parte, la operación no fue reportada ante las autoridades como el Sistema de Administración Tributaria (SAT), lo que ya levantó sospechas sobre el cumplimiento fiscal de dicha transacción, así como la procedencia de los recursos.
III. Los dueños
Las mismas fuentes sostienen que ambas sociedades operarían bajo un mismo centro de decisión empresarial vinculado a José Carlos Vives Gómez, quien aparece como figura central del proyecto.
Esto podría explicar la lógica del esquema: una sociedad conserva los derechos deportivos; otra administra el estadio; ambas se integran bajo una misma conducción empresarial.
Hasta ahí, el modelo podría tener sentido. No necesariamente es irregular. En el mundo del fútbol, las estructuras corporativas suelen ser complejas.
El problema no es que existan varias sociedades.
El problema es que no se ha explicado públicamente cómo se conectan, quién controla qué, quién responde ante la Federación, quién responde ante el Gobierno del Estado y qué documentos sostienen esa reorganización.
Cuando un proyecto privado administra un activo público, la transparencia no es una cortesía. Es una obligación.
IV. Los 120 millones
El capítulo más delicado no está en la cancha, sino en tribunales.
Actualmente existe un juicio en los tribunales mediante el cual se reclama el pago de 120 millones de pesos en contra de CF Veracruzano, S.A. de C.V. y de José Carlos Vives Gómez, monto que este último habría pedido en nombre del equipo para hacer posible su operación.
El juicio está en trámite. No existe, por ese solo hecho, una condena. Será un juez quien determine si la reclamación procede o no.
Pero el dato no puede ignorarse.
Porque una cosa es iniciar un proyecto deportivo con ambición. Otra muy distinta es hacerlo mientras la empresa operadora enfrenta una reclamación de semejante tamaño.
La pregunta no acusa. La pregunta exige claridad:
¿El Gobierno del Estado, al frente de Rocío Nahle, conocía ese litigio antes de entregar el estadio en comodato?
¿La Federación Mexicana de Fútbol evaluó la situación financiera del proyecto?
¿Qué garantías existen para que una eventual contingencia económica no afecte la operación del club ni el uso del inmueble público?
V. La marca y la identidad
Añada otro punto que puede parecer menor, pero no lo es: la identidad comercial.
Hasta donde se ha señalado, Piratas F.C. no tendría registro concedido ante el IMPI. En una industria donde el nombre, el escudo, la marca y la explotación comercial forman parte del valor económico del club, ese dato también merece explicación.
Un equipo no sólo se construye con jugadores.
Se construye con certeza.
Y la certeza empieza por saber quién es dueño de qué, quién opera qué, quién responde por qué y bajo qué documentos se sostiene todo.
VI. Las preguntas que nadie ha contestado
Piratas F.C. puede ser un proyecto legítimo, ambicioso y necesario para Veracruz. Pero precisamente por eso debe responder preguntas antes de pedir confianza absoluta.
¿Quién tiene la afiliación deportiva?
¿Quién tiene el estadio?
¿Quién controla ambas sociedades?
¿La asamblea que soporta la operación ya fue formalizada?
¿Qué impacto puede tener el juicio por 120 millones?
¿Qué revisó el Gobierno antes de entregar el comodato?
¿Qué revisó la Federación antes de autorizar la operación?
Y, sobre todo:
¿Quién responde realmente por Piratas F.C.?
Porque antes de que ruede el balón, ya ruedan los expedientes.
Y cuando un club nace entre documentos, sociedades, deuda reclamada e infraestructura pública, la afición tiene derecho a algo más que camisetas, discursos y promesas. Requiere respuestas.
La ruta del dinero
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Por Rogelio Varela / Síguenos en Facebook, X y LinkedIn

