La caída del tránsito en el Estrecho de Ormuz restringe hasta una quinta parte del flujo global de petróleo, eleva costos logísticos y acelera el reposicionamiento de los Estados Unidos como proveedor mundial dominante en medio de tensiones con el estado totalitario de Irán.
Datos de la firma de análisis marítimo Kpler muestran que el tránsito diario se ha reducido a un promedio de cinco embarcaciones, frente a más de un centenar registrado a inicios de febrero.
De hecho, al 27 de abril, solo seis buques cruzaron el corredor, con demoras de hasta dos días y revisiones operativas que limitan la fluidez del paso.
El desglose de esa jornada incluye dos buques sancionados con carga de acero y gas licuado de petróleo, una embarcación sin identificación clara y tres tránsitos de bajo riesgo.
La mezcla de embarcaciones refleja un mercado condicionado por decisiones políticas más que por demanda.
Aunque no se han reportado ataques desde el 22 de abril, la navegación continúa sujeta a evaluaciones caso por caso.
En este sentido, analistas de Kpler señalan que los cruces responden a señales diplomáticas, en un entorno donde la previsibilidad operativa permanece limitada.
Disrupción redefine flujos
La contracción del tránsito ha obligado a operadores a redirigir embarcaciones hacia el Canal de Suez o rutas alrededor de África, extendiendo tiempos de entrega y reduciendo la disponibilidad global de buques.
El ajuste incrementa tarifas de flete y presiona cadenas de suministro industriales.
Entre el 20 y el 26 de abril, el promedio semanal se ubicó en 10 buques petroleros, frente a los 118 registrados a principios de febrero.
La caída reduce la capacidad de transporte en uno de los principales corredores energéticos del mundo. Además, el impacto ya se refleja en costos.
Dicho impacto es evidenciado por el reporte de la UNCTAD, que reporta aumentos de hasta 53% en combustibles en Europa y 52% en Oriente Medio desde finales de febrero, mientras Rusia registra incrementos de 84%; en gas natural licuado, Asia reporta alzas de 57% y Europa de 37%.
Estos movimientos introducen volatilidad en precios y limitan la capacidad de respuesta ante variaciones en la demanda, en un contexto donde la seguridad energética vuelve a posicionarse como variable central para economías industriales.
EE.UU. capitaliza interrupción
Mientras ocurre todo esto, los EE.UU. están elevando su presencia en el mercado global.
Según la Administración de Información Energética, las exportaciones alcanzaron un máximo histórico de 12.9 millones de barriles diarios a inicios de abril, con más del 60% en productos refinados.
El incremento compensa parcialmente la menor oferta desde Oriente Medio y refuerza la capacidad de Washington para influir en precios internacionales.
Al respecto, reportes de Reuters indican que la estrategia incluye uso de reservas estratégicas y ajustes en sanciones para estabilizar el mercado.
La capacidad de respuesta estadounidense se apoya en su volumen de producción, que supera al de Arabia Saudita y Rusia desde 2018, así como en el papel del dólar en el comercio energético.
En contraste, Arabia Saudita ha intensificado el uso de oleoductos hacia el mar Rojo para evitar Ormuz, aunque la capacidad alternativa no compensa la reducción del tránsito marítimo.
Rotaciones bajo presión
El entorno también coincide con cambios estructurales en la oferta.
Por ejemplo, Emiratos Árabes Unidos anunció que abandonará la OPEP en mayo, lo que podría modificar los mecanismos de coordinación en la producción global.
La combinación de restricciones operativas, tensiones geopolíticas y ajustes estratégicos está redefiniendo rutas energéticas y flujos comerciales.
En tanto, la dependencia de puntos de riesgo como el estrecho de Ormuz, la principal salida del Golfo Pérsico, expone la vulnerabilidad del sistema logístico global, dijeron los analistas.
Y abundaron: si la disrupción persiste, el reacomodo de rutas y proveedores podría desembocar en un cambio estructural en el mercado energético, con los EE.UU. ampliando su peso como exportador mientras los costos logísticos se mantienen elevados.
Por Edna Herrera / Síguenos en Facebook, X y LinkedIn



