La presión para imponer un impuesto global al carbono sobre el transporte marítimo fue puesta en entredicho durante la última semana, después de que organismos ligados a la ONU revisaran públicamente algunos escenarios climáticos extremos utilizados durante años como referencia sobre descarbonización y cambio climático.
El ajuste reactivó críticas de gobiernos, sectores industriales y grupos de investigación contra las regulaciones ambientales impulsadas desde organismos multilaterales, incluyendo el plan de la Organización Marítima Internacional (OMI) para cobrar emisiones contaminantes al transporte marítimo global.
La presión contra el impuesto aumentó después de que los organismos vinculados a la ONU revisaran escenarios climáticos catastróficos, reconociendo que no se cumplieron, lo que cuestionó la certeza de sus propias investigaciones.
La actualización fue celebrada por el presidente de los EE.UU., Donald Trump, quien afirmó que parte de la agenda climática internacional se construyó sobre proyecciones “irreales” que terminaron impactando costos energéticos, manufactureros y logísticos.
Pero la discusión había impactado desde hace meses directamente el calendario regulatorio de la OMI.
Y es que el organismo había respaldado preliminarmente en abril de 2025 el denominado “IMO Net-Zero Framework”, un impuesto orientado a través de un mecanismo internacional de precio al carbono para acelerar el uso de combustibles marítimos alternativos.
Debate altera calendario
La propuesta contemplaba la adopción formal en octubre de 2025, entrada en vigor en 2027 y aplicación operativa desde 2028 para buques mayores a 5,000 toneladas de registro bruto.
Sin embargo, la falta de consenso político obligó a posponer la votación definitiva dentro de la ONU a principios de mayo.
Los EE.UU., Arabia Saudita y economías vinculadas al comercio energético e industrial endurecieron su oposición al considerar que el esquema elevaría costos logísticos, generaría inflación y presión financiera sobre exportadores y manufactureras.
Dentro de la industria marítima, el debate se desplazó rápidamente hacia la viabilidad económica de la transición energética.
Armadores y operadores portuarios consideran que los combustibles alternativos continúan lejos de alcanzar la escala necesaria para sustituir a los combustibles convencionales sin elevar de forma relevante los costos operativos.
Aun así, el mercado comenzó a moverse antes de cualquier aprobación definitiva.
La Unión Europea incorporó al transporte marítimo dentro de su sistema Emissions Trading System (ETS), el principal mercado de carbono europeo, obligando a navieras con operaciones en puertos del viejo continente a absorber nuevas cargas ambientales.
Mercado mantiene presión
Valentín Martínez Beltrán, Trade Lane Manager Asia de RH Shipping México, señaló que compañías como A.P. Moller - Maersk, Mediterranean Shipping Company (MSC), Ocean Network Express (ONE), Evergreen Marine Corporation y la francesa CMA CGM ya incorporan métricas de emisiones dentro de contratos logísticos y auditorías corporativas.
El directivo explicó que clientes internacionales comenzaron a exigir reportes de sostenibilidad junto con indicadores tradicionales de costos y tiempos de entrega.
Parte de la presión también alcanzó las decisiones de inversión en flota. A.P. Moller–Maersk opera buques impulsados por metanol verde, aunque el combustible continúa siendo caro y con disponibilidad limitada.
México mantiene una postura dentro de la OMI menos agresiva que Bruselas en regulación climática marítima, pero no deja de apoyar el impuesto.
Sin embargo, según analistas, puertos, terminales, operadores logísticos y exportadores mexicanos terminarán absorbiendo parte de la transición por integración comercial con Europa, alejándose más de los EE.UU.
Por Edna Herrera / Antonio Vargas



